UN MANIFIESTO
Por Michel Foucault
No estamos
aquí sino particulares que no tenemos otro título para hablar, y para hablar
conjuntamente, más que una cierta dificultad común a soportar lo que está
sucediendo.
¿Quién nos ha entonces comisionado? Nadie. Y es esto justamente lo que funda nuestro derecho. Me parece que hay que tener en mente tres principios que, creo, guían esta iniciativa así como muchas otras que la precedieron: La isla de Lumiére, Le Cap d'Anamour, el avión para el Salvador, pero también "Terre des Hommes" y Amnistía internacional.
1. Existe una ciudadanía internacional que tiene sus derechos, que tiene sus deberes, y que nos compromete a levantamos en contra de todo abuso de poder, cualquiera que sea su autor, cualesquiera que sean sus víctimas. Después de todo, todos somos gobernados y, a tal título, solidarios.
2. Porque pretenden ocuparse de la felicidad de las sociedades, los gobiernos se abrogan el derecho de abonar a la cuenta de pérdidas y ganancias el sufrimiento que sus decisiones provocan o que sus negligencias permiten. Es un deber de esta ciudadanía internacional siempre hacer valer ante los ojos y los oídos de los gobiernos los sufrimientos de los hombres, de los cuales no es cierto que no sean responsables. El sufrimiento de los hombres no debe ser jamás un saldo silencioso de la política. Funda un derecho absoluto a levantarse en contra y a dirigirse a quienes detentan el poder.
3. Hay que rechazar la repartición de tareas que muy frecuentemente se nos propone: a los individuos corresponde indignarse y hablar; a los gobiernos reflexionar y actuar. Es cierto: los buenos gobiernos aprecian la santa indignación de sus gobernados, pero siempre y cuando ésta permanezca lírica. Creo que hay que darse cuenta que muy frecuentemente son los gobiernos los que hablan, y no pueden y no quieren sino hablar. La experiencia muestra que se puede y se debe rechazar el rol teatral que se nos propone de la pura y simple indignación. Amnistía Internacional, "Terre des Hommes", "Médecins du Monde", son iniciativas que han creado este nuevo derecho: el derecho de los particulares a intervenir efectivamente en el orden de las políticas y las estrategias internacionales. La voluntad de los individuos debe inscribirse en una realidad de la cual los gobiernos han querido reservarse el monopolio, este monopolio que hay que arrancarles poco a poco y día a día.


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